Las políticas públicas deben encontrar fundamento en la realidad. Es obligación de quienes gobiernan estar atentos a un contexto turbulento para adelantarse a las necesidades y posicionarse de cara al futuro. Y posicionarse no por esnobismo, sino para generar empleo genuino y mejorar la calidad de vida de la gente. A eso apunta la política de San Luis respecto de la formación masiva de buenos programadores.

No son pocos los investigadores que, con buenos fundamentos, afirman que el mundo está al borde de una revolución tecnológica. Por su escala, alcance y complejidad, se asume que esta transformación será diferente a todo lo anteriormente experimentado por la especie humana.

La primera revolución industrial utilizó la energía del vapor de agua para mecanizar la producción. La segunda utilizó la potencia eléctrica para la producción masiva. La tercera utiliza la electrónica y la tecnología para automatizar la producción.

La revolución digital sería la base de esta cuarta revolución industrial. Se afirma que se caracteriza por la fusión de tecnologías que van uniendo las esferas del conocimiento del mundo físico, del digital, y del de la biología.

Al igual que las revoluciones que la precedieron, la cuarta revolución industrial tiene el potencial de incrementar los ingresos globales y mejorar la calidad de vida de las poblaciones de todo el mundo. Y al igual que aquellas genera, además de polémicas, nuevas necesidades.

En el marco de esta revolución digital encontramos un motor fundamental: la programación de software.

El 20 de agosto de 2011, Marc Andreeseen publicó uno de los artículos más relevantes de los últimos años en The Wall Street Journal. El título de ese artículo era “¿Por qué el software se está comiendo al mundo?”, y fue una excelente descripción de un nuevo escenario donde nada será como solía ser. Artículo controvertido pero clarividente.

Seis años más tarde tenemos máquinas (procesadores) con software que permiten realizar cirugías, escribir noticias, traducir, analizar, hacer la guerra, hacer guardia, escuchar, hablar y entretener (películas animadas como “Frozen” o los efectos especiales de “Star Wars” se realizaron mediante software).

La necesidad de programadores en todo el mundo nunca ha sido tan alta. Solo en los Estados Unidos, se calcula que más de un millón de empleos de programación quedarán vacantes en el año 2020.

La programación no es clave porque enseña habilidades modernas, su fortaleza radica en que enseña el pensamiento computacional, que mejora el pensamiento lógico formal.

La rapidez con que se adopten todos los cambios que se avecinan cambiará de un país a otro y de un sector a otro. Pero el desarrollo del software definirá el estado de avance del sector o el país hacia el futuro.

Afirma Mark Andreeseen: “Estamos en medio de un dramático y amplio cambio tecnológico y económico en el que las compañías de software están listas para conquistar grandes franjas de la economía. Las más grandes empresas e industrias se transformaron radicalmente con el software y distribuyen sus servicios online. Desde películas o la agricultura, hasta la defensa nacional. Muchos de los ganadores en el nuevo escenario son empresas de tecnología de Silicon Valley, que están invadiendo y arrasando a otras tradicionalmente establecidas de la industria. En los próximos 10 años muchas otras industrias serán transformadas por el software”.

Más del 80 por ciento de los jóvenes de 104 países tienen conexión a internet, esto es unos 830 millones de jóvenes según los datos difundidos por la Unión Internacional de Telecomunicaciones; un número que sigue creciendo en el acceso de banda ancha y abonos, fundamentalmente en China: unos 320 millones de jóvenes utilizan internet en el gigante asiático.

Medio: El Diario de la República

https://www.eldiariodelarepublica.com/nota/2018-1-25-20-27-11-la-importancia-de-formar-programadores-i