Las restricciones de la Liga Dominicana de Béisbol a la libertad de expresión de los periodistas que laboran con los equipos que participan en los torneos, no es nada nuevo, es algo que se viene dando desde el mismo inicio de ese espectáculo.

Es una franca violación a los derechos humanos a las que los periodistas y comunicadores se han adaptado y han aceptado sin chistar, la mayoría de por estar en el medio sonando por un mísero salario. Porque a decir verdad, muy pocos devengan para sufragar sus gastos con cierta holgura.

Hasta hace unos días, nadie se había referido a esas restricciones a la libertad de prensa que desde hace años imponen la liga y los equipos.

Recuerdo que en una ocasión trabajé en la antesala de un equipo, pero solo permanecí tres días, porque uno de los ejecutivos se alarmó por las críticas que realicé a varios jugadores.

Cuando me llamó la atención, en ese mismo instante dejé el puesto, porque entiendo que la libertad de expresarse está muy por encima de un salario.

Pero lamentablemente, muchos, ejecutivos del béisbol han venido irrespetando a estos profesionales.

Algunos de ellos los identifican como “esos carajos”, lo que demuestra cierto desprecio por hombres y mujeres que son parte fundamental del espectáculo.

Nadie dude que una buena narración por radio o televisión o escrita es un incentivo para que los fanáticos se interesen cada vez más por el béisbol.

Es más, en un momento en que este estuvo deprimido, con bajo interés del público, fueron narradores y comentaristas los que con su ingenio colocaron frases en el gusto del público, que las asumió como suyas.

Ahí están los casos de dos narradores maltratados, al punto que a uno de ellos, Guelo Tueni, quedó expulsaron de por vida, y sus compañeros callaron, haciéndose cómplices con su silencio. Otro caso, fue la expulsión del “Palco de Prensa” a lo que se le denomina “el gallinero”.

 Medio: El Dia
http://eldia.com.do/el-silencio-tiene-su-precio/